Desde la COP 30, Cumbre de los pueblos, Belem, Brasil
- Andrés Thompson
- 19 nov 2025
- 1 Min. de lectura
Escribe Guidai Vargas, miembra del Consejo Asesor del Fondo Uruguay Socioambiental

La Cumbre de los Pueblos fue multitudinaria: un espacio vibrante de diálogo, debate, celebración y diversidad. Pueblos indígenas, comunidades quilombolas, riveriñas, trabajadores, colectivos de mujeres y disidencias, de juventudes, infancias y organizaciones sociales.
Desde el momento en que llegué, me envolvió un profundo sentimiento de fuerza colectiva.
Nos convocó la resistencia frente al extractivismo, al agronegocio y a las falsas soluciones; nos reunió la defensa de los territorios, la justicia social y los derechos humanos. También nos unieron los derechos de las mujeres y de los pueblos indígenas, la protección y seguridad de quienes defendemos el ambiente, el respeto a la soberanía de los pueblos y la exigencia de una consulta libre, previa, informada y vinculante.
Nos sostiene la urgencia de una transformación sistémica y la esperanza de superar un modelo económico capitalista que devora la vida, destruye la biodiversidad y saquea a las comunidades.
Traemos nuestras experiencias para construir otro mundo posible: feminista, libre de racismo, desigualdad y explotación. Un modelo que ponga la vida, y no la mercancía en el centro, que respete los límites del planeta y contemple la dignidad de todos los seres, humanos y no humanos.
Sabemos que las soluciones están en nosotros: en la agroecología, en los saberes ancestrales y en los conocimientos tradicionales que sostienen nuestras economías.
Nuestras voces y nuestros cuerpos importan. Venimos de los ríos, los bosques y las montañas, y defendemos nuestras formas de vida honrando y protegiendo nuestros territorios.




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